La Fábrika de Utopías - Capítulo 10
Y llegó el día, jueves por la mañana y por ahora, calor soportable en la capital. Era agosto en su mitad, cogerían el primer tren que paraba en Villena, Alicante. Iban cargados hasta sus límites, además de sus respectivas mochilas, guitarras y tiendas de campaña; entre los tres se apañaban para llevar dos enormes bolsas de plástico de Mar, donde llevaba el material para vender.
- Pues allí nos vamos a cocer - decía Mar.
- Me lo imagino - replicaba Manu.
- Pues camisetas fuera y fresquito - concluía Pablo.
- No, en serio, os vais a cagar...
Era su primer festival de grandes dimensiones para ambos, aunque los había en número y variados durante el verano por todo el país, nunca habían estado en uno de cuatro días, siempre en conciertos de un día, dormir allí y regresar.
Si los pequeños trayectos hasta la estación de tren fueron un trauma por la carga que portaban, el trayecto desde la estación hasta el campamento del festival fue todo un calvario, al que ayudaba el sol cayendo como una manta de fuego.
Al llegar al recinto la cosa empeoró, pues al calor se le sumó el polvo que levantaban los coches al pasar por aquel inmenso llano de tierra, todos buscaban un sitio donde aparcar, para luego montar la tienda en el enorme recinto reservado para ello. Era la hora punta de llegada de la gente y el trajín era espectacular, aparecieron por la carretera principal que atraviesa el complejo del festival por su mitad; a un lado de ésta, el gran llano donde se acampaba; al otro, el espectacular recinto de los conciertos; una vez allí:
- Tenemos que buscar a Pedrojo o al 'Greñas', estarán juntos seguro.
- ¿Pero tú sabes lo que dices? - increpó Pablo impresionado por la cantidad de gente, tiendas de campaña, toldos, coches y furgonetas que se divisaban desde allí pues estaban en una zona sobre elevada - pero si no se ve el final. Esto es una ciudad.
- Sí, una ciudad efímera.
Y así parecía, no tanto una ciudad, pero sí un pequeño pueblo de veinte mil habitantes por cuatro o cinco días. Lo dibujaba la gente al llegar, aparcar y montar sus tiendas de campaña. En la zona de furgonetas se iban formando calles, sin muchas normas, siempre que no se molestara la salida de ningún vehículo y esto se incumplía a menudo. Así se formaban calles donde a un lado y otro se apiñaban las casas de telas y grandes toldos. Sus habitantes eran jóvenes y no tan jóvenes, cuya pasión era el Punk, Ská, Rock, Rap, Hardcore, Oí,... con temática de izquierdas; de hecho, el sobrenombre de Festival de la Resistencia era por algo y allí había estrellas rojas de cinco puntas por todos lados, casi tantas como perros, y es que todo el mundo que podía, llevaba a sus perros; también abundaban las Aes dentro de un círculo.
- A ver, éstos llevan aquí dos días, así que estarán por el centro, cerca de la carpa donde está la barra. Mira... las duchas están al lado. Por allí está la avenida principal de todo esto, por allí pasa casi todo el mundo.
- Que los vamos a encontrar...
- Que sí, que sabiendo cómo va no es tan complicado, si vierais el Viña, es tres o cuatro veces esto, aquí viene menos gente pero es mejor.
No se imaginaban eso multiplicado por tres, lo habían visto por internet, pero las fotos y videos no comunican las sensaciones de grandiosidad que daba andar por allí, cargados y tragando polvo. Músicas diferentes salían de cualquier rincón conforme avanzaban por una de las calles; las sombras que creaban los toldos, cubriendo espacios entre tiendas y coches, resaltaban sobre la claridad que el sol ofrecía al reflejarse sobre la tierra blanca del camino. Apiñados en esta sombras, se encontraba la gente bebiendo, hablando, riendo, bailando... viviendo.
Los encontraron, más o menos, por donde decía Mar, haciendo la esquina de la supuesta avenida principal paralela a la carretera y la calle que, en perpendicular, bajaba hasta el gran parking de coches de los que acampaban en tiendas.
Se saludaron efusivamente. Con ellos estaban Rufo y Lula, dos punkis del País Vasco que tenían una enorme furgoneta verde oscuro, con el interior totalmente restaurado por ellos, hasta disponían de cuarto de baño. Se hicieron las oportunas presentaciones con grandes muestras de alegría, éstos se conocían de anteriores experiencias similares, un día aparcaron uno al lado del otro y amigos para siempre. Rufo lucía una cresta lateral que aplastaba con una gorra, con aros plateados en su rostro aunque en menor número que Pedrojo, su indumentaria era similar a la de todos, Lula era alta y delgada y con una sonrisa que empequeñecía a quien la recibía, vestía como Mar. Ambos pasaban de los cuarenta. Las furgonetas de Pedrojo y el 'Greñas' estaban aparcadas una al lado de la otra, pero un poco separadas, la del Rufo estaba detrás cruzada; formando entre las tres una gran U, dejaban un espacio suficiente entre ellas para formar una mini plaza, les guardaban un espacio detrás donde acoplaron sus tiendas de campaña.
Una vez establecidos, Pedrojo reacopló un enorme toldo azul que enganchó a las tres furgonetas y prolongó por encima de las tiendas. Lula, esa mañana, desplegó el enorme toldo que su furgoneta llevaba acoplado. No daba el sol de plano, pero se convertía en una especie de invernadero, que siempre era mejor que el sol directo.
A aquella 'plazoleta' se entraba desde la 'avenida principal' por entre las furgonetas de Pedrojo y el 'Greñas'. En la misma entrada tenían montado el puesto, con decenas de cosas atractivas a los ojos de los que por allí deambulaban. Al lado de ellos se encontraban otras furgonetas con el mismo objetivo que ellos, pasar unos días de 'aúpa' e intentar vender algo. A pesar de ser las cuatro de la tarde del primer día, algunos ya estaban 'colocados' y así seguirían hasta el domingo ayudados por un montón de 'speed'.
Así que, una vez montado el chiringuito, empezaron a beber calimocho; en realidad continuaron bebiendo, pues con ello fueron recibidos y no se dejó mientras se montaba, pero ahora beberían tranquilos, cada uno sentado en algo y observando el continuo trasiego de gente bajo el sol. En la furgoneta de Lula sonaba a toda leche Putakaska, era la que mejor equipo de sonido tenía de las tres y estaría dando caña hasta que se le acabara la batería del motor, hecho que ocurrió al segundo día de festival.
'La vida continúa
Y aún no sé quién soy yo
Es doloroso saber
Que para otros soy
Lo que no quiero ser'
Mar se hizo un porro y Pedrojo sacó cerveza de su furgoneta a la vez que refunfuñaba: 'no quiero más calimocho'; y esta vez estaba fría, por allí de vez en cuando pasaba una pequeña furgoneta vendiendo hielo.
En realidad, de los allí presentes, ninguno entraría al festival propiamente dicho; la entrada, aunque barata, para ellos era disuasoria; teniendo en cuenta que ya habían estado en docenas como éste o que, simplemente, pasaban de entrar; además el exterior era un pueblo que no dormía en cuatro días. Pero los dos amigos sí querían entrar, al menos el viernes, pues la suerte hizo que ese día coincidieran El Último Ke Zierre, Envidia Kotxina, Gatillazo, Kaos Urbano y Non Servium, sin olvidar al gran Manolo Kabezabolo que andaba por allí acampado.
Mientras Manu ponía en sus preferencias a EUKZ, Envidia y Gatillazo; Pablo apuntaba a Non Servium y los Kaos; y los dos iban a muerte con MKB y Arpaviejas, éste último actuaba el sábado. El cartel completo incluía más de cincuenta bandas.
- Si vais a entrar, id al escenario chico, allí está lo más interesante - aconsejaba solemnemente Pedrojo.
- Hacedle caso al abuelo - decía Mar riéndose y provocando la risa en los demás menos en Pedrojo que sólo sonrió, pero se repuso pronto.
- Nena que todos estos niñatos... y no molestaros... - les dijo por enésima vez - han venido a ver a gente de mi quinta, o dime tú si a Rosendo no le cuelgan de los huevos sesenta años.... además mientras haya 'spí' del 'güeno'...
- No pasa nada... 'palante' - bromeó Manu imitándolo.
Todos rieron
- Hasta el hoyo - finiquitó Pedrojo brindando con la tierra.
Pero Mar lo notaba raro, ya en la fiesta del sábado en la 'fábrica' no le vio bailar y entregarse como acostumbraba; y ahora, en lugar de estar 'ciego' a reventar tras dos días allí, también como acostumbraba, estaba a su lado fumando porros y bebiendo cerveza cuando él era de whisky a todas horas, 'speed' y tabaco.
- Joder qué de tías ahí aquí - dijo Manu - observando el paseo.
- Y de tíos - apostilló Mar.
- Y todos medio en pelotas, pero que más queréis, chavales - habló el Rufo - y todos volvieron a reír.
- Y perros, no olvidaros, verdad 'Lilo'... - decía Tania acariciando a uno de los suyos.
Y es que hacía calor, mucho calor, el sol hacía de las suyas a las cinco de la tarde y el efecto invernadero del toldo se hacía patente. Todos hablaban, reían y sudaban, sudaban mucho y volvían a beber, sudando más. Y cuando por casualidad todos callaban, alguien decía '¡qué calor hace!'.
- Ostias, que no me acordaba, a ver.... - dijo el Rufo saltando de la hamaca donde se encontraba empotrado, se dirigió hacia la parte trasera de su furgoneta y sacó una fina y larga goma, que en realidad era una manguera; la extendió por el final de su toldo, quedaba a mitad de la plazoleta: la conectó a su depósito de agua y de pronto llovía agua pulverizada por toda la plazuela; los gritos de alegría hicieron que mirara hacia allí todo el que pasaba. 'Lilo' saltaba intentando llegar al agua antes de que ésta le cayera encima.
- Pero 'killo', ¿tú dónde estás?, es menester que fumes menos porros ¡eh!, '¡jodío!', ¡qué llevamos todo el día aquí y ahora sacas el invento! - recriminó Pedrojo con la cara pegada a una de las salidas de agua de la pequeña goma.
De pronto aparecieron los vecinos, unos 'rastas' aparcados a su lado, llegaron con una paella de arroz sin carne, sólo verdura; dijeron que traían el refrito hecho y allí lo terminaron, echando un par de puñados de arroz más para los vecinos.
Nadie decía que no y la comida venía muy bien para seguir bebiendo, los 'rastas' eran valencianos. Y es que por mucho que se quisiera evitar, los tópicos se han mamado.
Esto llamaba la atención de Manu, España estaba allí representada en su totalidad, saliendo fuera de su sombrajo y observando el enorme campamento en toda direcciones, ante sus ojos se distinguían banderas por doquier; la estrella roja era la protagonista, ya fuera tras una jarra de cerveza que simulaba una granada, ya en medio de una bandera regionalista, o sola. En muchos de los pequeños minicampamentos como el suyo lucían la bandera de su región con la estrella roja o sin ella. De Galicia, Andalucía, Cataluña, Euskadi... Manu no podía dejar de pensar que algo unía a todos, que algo tenían en común... luego se auto bromeaba 'que ninguno quiere convivir con el otro bajo la misma bandera'.
De vuelta a la sombreada, y ahora, un poquito más fresca y menos polvorienta sala de estar, se fijó en el prometedor grupo que allí se había congregado, bajo la serpenteante gomilla que escupía agua pulverizada, y que pulverizaba y goteaba a partes iguales, hasta se había formado un pequeño charquito de agua y barro. Manu casi lo pisa.
- 'Cuidao' con el charquito - indicaba Pedrojo sentado en el escalón de su furgoneta, con los ojos entrecerrados y lata de cerveza entre sus botas.
- ¿Cómo qué 'charquito'?, eso es un pantano, que somos de Bilbao - replicó Rufo.
Todos rieron la ocurrencia. Y es que aquella agüilla daba la vida, literalmente. El camino blanco del exterior parecía a los lejos que ardiera.
- A ver, con la mierda de los porros... yo quiero 'spí', así pues... 'pa dentro' - se desperezó Pedrojo, que de un salto estaba dentro de la 'punkoneta' - ¿cuántas pongo?
Allí se encontraban esparcidos por el sombrajo: a Mar, Pablo y Manu, a la derecha de la 'punkoneta' en sillitas plegables de tela, las tres que había; frente a ésta, el 'Greñas', y con respaldo en su furgón, se sentaba en una nevera de playa y Tania en un taburete enano marroquí de corcho; Rufo y Lula se retrepaban en sendos butacones de playa con respaldo alto, son de Bilbao. Tuvo que poner cinco... que repitieron.
- ¡Joder!... Aquí hay gente de todos lados, está España entera reivindicando no estar - apuntaba Manu acordándose de la vista panorámica de trescientos sesenta grados que acababa de hacer.
- ¡Ja! - gritó Pedrojo desde dentro de la furgoneta, saliendo con un litro de whisky con cola entre las manos, tomando asiento en el escalón de su hogar - Y todos quieren decirles al resto de donde son y eso estaría bien, si no fuese porque muchos se creen especiales o diferentes, por el simple hecho de haber nacido en un sitio concreto... y eso no huele bien.
- ¿Te refieres a la izquierda independentista, no? - preguntó Pablo.
- No, a la Teoría de la Relatividad, dite otra - regañó Manu dándole un empujón un poco avergonzado por la pregunta y ante semejante foro.
- También te habla de la Teoría de la Relatividad como le piques - reía Mar que se alegraba de que su mejor amigo volviera a ser el de antes, por un momento había pensado que Pedrojo se rendía a la edad, cosa que siempre había negado.
- Explícate 'macho' - insistió Manu pasándole un porro.
- No lo dudes - volvió a reír Mar.
- Si tiras una piedra desde un tren en marcha y observas este fenómeno desde el tren y desde fuera al mismo tiempo, verás cómo desde una de las posiciones la piedra cae recta y desde la otra verás cómo marca una parábola... o dos trenes, que a Einstein le gustaban mucho, que van a la misma velocidad, pero uno pasa a tu lado y el otro a lo lejos en el horizonte, te parecerá que uno vas más rápido que el otro... que todo es relativo. Depende del punto de observación, la velocidad, la cuarta dimensión espacio-tiempo; fíjate que el tiempo, para todos algo invariable, depende de la velocidad a la que te muevas, el cuadrimomento... y demás zarandajas.
- No te lo he dicho yo, el cabronazo.
- Pues esto es lo mismo - continuaba Pedrojo - desde dentro, el ir contra el poder establecido y abogar por la independencia y demás... es ser de izquierdas y que si la izquierda aboga por la 'libertad', 'igualdad' y 'fraternidad' como bandera, como concepto primario; desde fuera se puede preguntar que: ¿Cómo es que se apoya la desigualdad que conlleva una frontera?, la diferenciación implícita, el yo sí y tú no por nacimiento, una frontera es un muro y un muro es lo que se usa en muchos casos para reprimir la libertad.
Desde fuera se llega a pensar que de la palabra nacionalismo sale nazi. Ser de izquierdas y nacionalista es tan incoherente como ser demócrata y monárquico; pero ahí lo tienes, las dos se dan, 'pa' que veas tú.
No me gustan las fronteras, no son solidarias. Quien quiera poner más fronteras y banderas no contará conmigo. Por mí las quitaba todas. Puesto que ante todo somos seres humanos y luego viene el lugar donde te han parido. Es que eso de 'yo sí y tú no' atufa a racismo. Ahora, el tema vasco, por ejemplo, y aquí hay dos - decía señalando con el litro hacia la furgoneta verde - a ver... ¿los vascos tenéis dos pollas?
- Eh! A mí no me metas en tus 'fregaos' - decía Rufo, gesticulando efusivamente un NO con las manos, lo que provocó la risa en el resto.
- Aquí si el punto de referencia es dentro, España es el estado fascista que es, y por la libertad del pueblo es de lógica el querer separarse. Otro tanto si eres catalán, andaluz... - seguía Pedrojo que no admitía réplica alguna, nunca lo hacía, si te atrevías a ello, eras ignorado, te diría 'no estoy discutiendo contigo' o 'esto no es un debate'.
Aprovechaban para beber, liar, picar y fumar, pero todos escuchaban en silencio a Pedrojo. 'Está en su salsa' pensaba Mar, ''spí', whisky y unos pobres a quienes comerles el tarro'... 'bueno, algo sacaremos'.
- ... Desde siempre te educan, que es muy parecido a programar desde el punto de vista informático... tú eres vasco y los demás no por lo de los genes, tú eres catalán y los demás con tomate 'rallao' y tú andaluz y cuéntate un chiste. Y sabéis una cosa, el pulpo 'a feira' gallego sin el aceite de oliva andaluz es un bicho muerto en una tabla. Y si me apuráis, la misma lógica lleva: 'eres príncipe por ser hijo mío' que 'eres abertxale por ser hijo mío', vas a ser educado en ello. Desde pequeño educamos el paladar, imagina... si te ponen ajo a todas horas, pues ajo a todo; que si es picante, lo mismo, limón pues limón y después llega el inglés y se pone a sudar. ¡Joder! Si se trata de que a los habitantes de la península ibérica que viven en la parte de arriba a la derecha les gusta montarse unos encima de otros, a los de un poco más a la izquierda, en la punta de arriba, les gusta partir troncos con hachas y los de la punta de abajo asan las sardinas en la playa pinchadas en una caña... y no se enteran que lo que los separa es común en todos ellos, las tradiciones y el sentimiento de propiedad de éstas.
- Vamos a llenar Einstein - dijo el 'Greñas' dándole al <pause> - que cada uno piense lo que quiera.
- 'Killo' ese es el problema: que la inmensa mayoría no se para a pensar - dijo mientras se metía en su furgoneta - y yo no es que lo sepa 'tó' pero ¡joder!, ¡a la mierda las fronteras y las banderas!, y no se dan cuenta de que ese es el problema, coño.
- España, si quiere ser estado, debe ser estado federal - opinó Mar.
- De lo que se trata es de que no haya estado - aportó Manu - tenemos que evolucionar a una sociedad auto-administrada en libertad, sin el yugo del gobernante cabrón; que, por dar más por culo, en las cosas importantes son gente de fuera.
- Eso, sin gobiernos. Anarquía... la más bella utopía - acudió a decir Tania, que al flujo de la conversación sentenciaba - ni el dinero hace falta... cada uno aporta a la sociedad el fruto de su trabajo y coge de ella lo que necesita, sin egoísmos, solo lo necesario para vivir, eso es lo ideal y mi ideal.
A lo que Pedrojo encontró el párrafo perfecto de Sin Dios y lo gritó desde el salón de su vehículo
'Somos
De los que no abandonan
Una utopía
Cada día más valiosa'
- Hay que luchar contra los estados opresores, éste que tenemos lo es, hay que darles donde les duela - decía seriamente Pablo.
A Manu le sorprendió esta afirmación de Pablo por su tinte violento, su amigo nunca se había expresado así. Veía en ello la influencia de la Kantina. Así lo detectó también Pedrojo que, ahora, no lo callaba nadie, otra vez casi gritando:
- Donde les duele es en las urnas, la violencia se la pasan por el forro, ya que ellos lo son tres veces más y legalmente. Así que el único camino es la educación libre del pueblo con la solidaridad como premisa y aquí nos topamos con la utopía; y es que el ser humano es solidario de boquilla. Sólo se podrá disfrutar de la anarquía en pequeños grupos como éste... a ver... otras cinco 'solidarias'...
Justo en medio de Agosto y a las seis de la tarde, el calor era insoportable, todo objeto dentro de aquel enorme recinto estaba caliente, las chapas de los vehículos quemaban. El polvo que se levantaba al pasar la gente y algún que otro coche despistado, agravaba más la situación. La gente la combatía como podía; sin apenas ropa puesta y de vez en cuando, una botella de agua por encima; el chaval que repartía el hielo no daba abasto, las bebidas debían estar frías, no podía ser de otra manera, muchos iban a por el milagro en cubitos a la gran carpa donde se ubicaba el bar. El calor evaporaba hasta el sentido común, se combatía con alcohol fresquito y esto ayudaba.
El 'Greñas', Tania y Pedrojo se encargaron de que no faltara bebida y comida; Pedrojo se aseguró la bebida y no le hizo ni puto caso a la comida. Rufo cargado de vino tinto en botella, como era de esperar, encajó en Villena sin saca-corcho, 'no pasa nada' diría Pedrojo esgrimiendo su navaja multiusos con más de veinte años, no sin antes haberle espetado un 'tiene 'cohones picha''
Si algo tenían los festivales así era la cantidad de gente que se conocían, a la medida de Pedrojo, contactos breves pero intensos, y después, si te he visto no me acuerdo. Esto, en el caso del viejo punki, era literal; eran muchos los que se le acercaban y le decían 'nos conocimos en tal concierto', 'tío, no te acuerda en la cola para mear de tal festival', 'joder, si estuvimos en tu furgoneta'. Todos se acordaban de él, pero él no se acordaba de ninguno, y no era por fallarle la memoria, ni nada de eso, sólo era que le importaba un carajo las caras de la gente, no les prestaba atención, sólo atendía a lo que éstas le pudieran enseñar o de lo contrario, serían enseñadas. Siempre decía que 'toda transmisión de información da lugar a la cultura, se transmite el conocimiento de algo y su razonamiento y almacenaje es la cultura' y era en esa multitud de transmisiones entre conocidos y desconocidos donde se propagan las ideas, las buenas y las malas, y eso era lo que importaba.
Acaso alguno le sonaba, pero inmediatamente metía la pata ubicándolo en otro sitio, 'claro que sí, de Sodoma...'-'no tío, de Gomorra'.
En el ser de Pedrojo esto era perfecto, sólo conocidos sin apego ninguno, la auténtica libertad; tan sólo Mar se anclaba en su vida en forma de verdadera amistad. El resto era prescindible, incluso los allí presentes.
Los conciertos de ese día habían empezado ya, muchos de los asistentes estarían a esa hora dentro del recinto, pero no por ello disminuyó el trasiego de gente por la 'avenida' de la que hacían esquina. De ese rio constante surgieron dos chicos y una chica, de veinte y pocos; se pararon ante el puesto de los amigos punkis. Miraban las pulseras de pinchos, de hecho ya portaban varias cada uno; la chica, una en el cuello, como gargantilla.
Muchos se habían parado, curioseando, pero nadie había preguntado por nada. A petición de la chica, Pedrojo se levantó y se dirigió al pequeño mostrador montado con tres viejas mesas de playas. Uno de los muchachos lo observaba y le dijo:
- Hola, ¿te acuerdas de mí?
- No caigo... - contestó Pedrojo mirándolo interrogativamente.
- Sí, tronco, el punki marroquí del Viña... hace cuatro años... o cinco.
- ¡Joder!... el de la coca-cola.
- El mismo.
- Pues... ¡coño! Pasad... venga unas birras que tenemos visita - ordenaba a sus compañeros, mientras les indicaba por donde pasar a los tres recién llegados. Pablo sacó tres latas de cerveza del fondo de un cubo de plástico negro hasta arriba de hielo. Se las pasaría a Touré Hassbar, pues así se presentó ante todos inclinado la cabeza, Gloria dijo su nombre saludando con la mano a todos; el otro, un chico alto y muy delgado, no dijo nada, mirando hacia abajo entró en el sombreado recinto y se colocó debajo de una de las goteras de la manguerita del agua, con la cabeza agachada intentaba que gotitas le cayeran en el cogote, cosa que no atinaba a ocurrir por su continuo balanceo; sólo llevaba puesto un pantalón que le llegaba a las rodillas y unas chanclas de goma, en la espalda alguien le había pintado con un rotulador una gran A encerrada en un círculo, además de alguna que otra 'polla erecta' por los brazos y pecho; rapado los laterales, la cresta le caía a los dos lados; tenía los ojos rojos de no haber dormido en dos días y un 'ciego' que le hacía caerse de espaldas... y lo hizo, en la poltrona de Rufo, que en ese momento estaba a lo suyo en otro sitio; sólo resopló y se quedó dormido.
Esto lo observaron todos en silencio y todos estallaron en carcajadas al unísono.
- Se llama Jesús - indicó Touré con una amplia sonrisa.
- Propio... - decía Pedrojo - va a necesitar... lo menos... tres días para resucitar.
Todos rieron de nuevo.
- El pobre... - decía Lula mientras le subía a la hamaca, la pierna que le colgaba. Después le echaría el respaldo para atrás.
- Oye, 'killo' cuéntales lo de la coca-cola - indicaba Pedrojo a Touré.
- ¿Sí?... - esperó el beneplácito de los presentes - ... en el logotipo de la Coca-Cola se ve a un blanco escupiéndole a un negro...
- ¡Venga ya! - decía Manu.
- Sí, se ve - le indicaba Mar.
- Espera - indicó el punki marroquí, rebuscó por allí y no vio ninguna etiqueta, la cola de los calimochos no era de esa marca; salió al camino y al momento regresó con una botella de litro vacía - mira...
Con la boca hacia arriba, la giró un cuarto cayendo el logotipo en vertical, escribiendo hacia abajo.
- Son dos monigotes... míralos como tales.
Para que les fuera más fácil, tapó con su mano la figura de arriba.
- Fíjate en el 'negro', la C es el flequillo, los ojos; la nariz chata es la 'o', la 'l' el bigote y la 'a' los labios prominentes; ¿parece un 'negro'?
- ¡Ostías! Que sí... mira... - decía a Pablo - la nariz, la boca...
-Ahora fíjate en el 'blanco' - dijo Touré tapando la figura de abajo - aquí la C es el tupé característico, la 'o' es el ojo mirando a la derecha, la 'c la nariz y la 'a' la boca... y qué casualidades de la vida... un guion innecesario para el logo que se convierte en el escupitajo. Podría ir en otro sitio, o incluso no estar... ¡putos yanquis!, si es que en verdad son unos nazis de mierda.
- Mensaje subliminal... o 'te la meto y ni te enteras'; y está por todo el mundo - indicaba Tania, pues allí lo sabían todos excepto Manu y Pablo.
Los amigos rieron al unísono.
- ¡Que cabrones!
Y todos rieron, 'cabrones de verdad' decía Touré que después sorprendió con la pregunta ¿a qué nunca habéis visto a un punki moro?
Volvieron a reír y se escuchó
- La verdad es que no.
En ese momento llegaron, a paso ligero, dos punkis sin camiseta y tres perros, uno de ellos llevaba un tatuaje en el pecho en el que se leía 'Odio a la Raza Humana' con letras góticas. Buscaban el enorme furgón verde oscuro del Rufo. Eran conocidos suyos. Los dos lucían aros plateados en su rostro, tenían todo el cuerpo tatuado, y se coronaban con crestas caídas; de hecho uno de ellos, Paolo, le pidió a Lula que se la recortara, cosa que ésta hizo nada más pedírselo.
- Esta mañana la guardia civil se ha llevado a un chaval detenido - comunicaba desde la improvisada silla de peluquería de Lula.
- Los putos cabrones, llevan desde ayer dando por culo - informaba Luca el otro punki - no pararon de pasar entre las furgonetas y las tiendas de campaña...
- Y que lo digas... - interrumpía Pedrojo - por aquí pasaron cuatro, dos son pocos.
- Pues para mañana por la mañana se quiere hacer una sentada para protestar por el abuso, parece que el chaval no ha hecho nada y al otro lo han corrido a palos por defender a su amigo, lo de siempre - hablaba Paolo con la cabeza agachada mirando al suelo.
- ¿Cómo?... - preguntó Pedrojo con tono de mosqueo.
- A la altura de las duchas. Se está corriendo la voz.
- Uhmmm... - rumiaba Pedrojo - esto no huele bien, esto es una trampa y estamos cayendo en ella.
- ¿Por qué? - preguntaba Pablo.
- Porque quieren cerrar esto - adelantó Mar, los demás ya suponían por donde iba el más viejo de los allí reunidos - el Festival de la Resistencia, recuerdas.
