La Fábrika de Utopías - Capítulo 20
Mar estaba encantada con la idea, serviría de broche final, el último apoyo de la 'Fábrica' a un grupo que empieza, no imaginaba una última actividad mejor. Pasaron la semana como si no hubiera pasado nada, Manu estaba todo el día en el autobús, y todos echaban de menos a Pedrojo. Mar lo excusaba diciendo que él era así 'va y viene sin decirle nada a nadie, ¿no lo conocéis?' después y asimilando de nuevo la gravedad de su situación, no era lógico que no estuviera allí con ella, apoyándola; 'cualquier día aparece con un montón de gente'... decía para animarse, los demás no veían a Pedrojo a lo Gandalf, llegando en el último momento, con un ejército, destrozando orcos. La verdad es que la ausencia de su amigo la entristecía.
Para el sábado Raúl consiguió una furgoneta pequeña azul, cabían la batería, los amplificadores, dos guitarras, las cuerdas de escalar y el conductor; así que Pablo cargó con su guitarra en el autobús. Manu iba cargado con un macuto enorme, pensaba quedarse hasta el miércoles. Juan y Manolo irían más tarde con unos amigos en coche.
Cuando llegaron, la pequeña furgoneta azul estaba aparcada vacía frente al portón. Echaron de menos la 'punkoneta' aparcada en el lateral. Fueron recibidos por los ladridos de los mastines. El portón estaba cerrado. Ahora estarían bajo llave siempre. Golpearon varias veces y a los minutos abría Darío.
La planta baja, la fábrica en si, estaba desangelada, allí parecía no haber nadie; la fiesta sería en el bloque de oficinas, del segundo piso provenía música, que los dos amigos empezaron a escuchar al ir aproximándose.
En el gran salón habían hasta quince personas provenientes de otras casas okupas de Madrid; se habían mudado ya allí por si se adelantaba el día del desalojo al lunes. Tania y el 'Greñas' habían llegado hacía pocas horas; nada más comunicárselo Mar, subieron desde Málaga, los apoyarían hasta el final. En total, serían treinta personas los que asistirían a la fiesta funeral de la 'Fábrica', pero aun así, se echaba de menos a Pedrojo.
La aparición de los amigos hizo que los allí presentes arrancaran en aplausos y vítores, lo hacían cada vez que llegaba alguien. Al fondo del salón había una puerta, ésta daba a otro saloncito más pequeño sin ventanas, antaño pareciera que hubiera servido para temas de investigación, por ello la ausencia de ventanas para evitar contaminación en lo experimentado, era como una habitación hermética. Ahora estaba pintada en negro con carbón picado, lo que la hacía parecer el interior de un enorme ataúd cuyas paredes tiznaban a todo el que las tocara y, sin duda, el mejor lugar para un concierto punk. Allí ya se encontraba montada la batería y los amplificadores con altavoz.
Mar corrió a abrazar a Manu y a recibirlo con un apasionado beso en los labios; en ese momento era la envidia de media docena de tíos. Después del beso le puso un porro en la boca y lo fue presentando al personal. Darío presentaría a Pablo. Cuando hubo terminado.
- Oye, ¿Qué sabes de Pedrojo?, ¿Qué raro que no esté aquí, no? - preguntaba Pablo.
- Sí, no sabemos nada desde que se fue el lunes, a estos los he avisado yo, se lo ha tragado la tierra, pero seguro que aparece, nunca ha rehusado participar en un acto de resistencia. Pedrojo es un luchador nato - excusaba Mar - oye, ¿habéis traído cervezas?
- No.
- Pues alguien tendrá que ir, habrá que poner algo entre todos; no nos queda casi dinero en el fondo.
Entre todos lograron reunir ciento noventa euros que Raúl y Manu gastaron en cervezas, vino tinto, refresco de cola y hielo.
Mientras esperaban a que llegara la furgoneta azul cargada de cervezas, la marihuana relajaba las mentes de los asistentes, en completo silencio se deleitaban con un extracto del 'Concierto de Aranjuez' de Falla que Pablo bordaba en las cuerdas de su guitarra. Todos se sorprendieron del talento del muchacho; y eso que el grupo era bastante heterogéneo, una decena de punkis de pantalón estrecho, botas de soldado y cresta, unos pocos de 'rastas' con el pelo trenzado y sandalias de cuero, varias chicas con vestidos vaporosos, alguien con mallas negras o leopardo y zapatillas de deporte. Todos en común tenían los piercings en la cara y los tatuajes.
En esto vería Manu otra vez las distintas tonalidades de un mismo color, en este caso el color libertario. Habían llegado sin hacer ruido, nadie se dio cuenta, todos miraban a Pablo hipnotizados; esperaron a que terminara y pidieron ayuda para subir el resto, ellos no bajaban más.
Se acabó el relax, los litros de cerveza y calimocho corrían de mano en mano, igual que los porros. Juan se puso a la batería, Manolo al bajo, Pablo cambió y Raúl empezó a berrear. Puro Street Punk diría alguno.
Pablo impresionaba con su alta estampa y la postura 'Ramones', con las piernas abiertas marcando un triángulo perfecto con el suelo.
Alguien sacó 'speed' y todo mejoró; obtuvieron ese pellizco mental necesario para seguir el ritmo endiablado de la batería, bajo y guitarra.
Entre canción y canción se reía, bebía y esnifaba, todo en su justa medida, ésta es: siempre más.
Entre dos canciones, Mar cogió el micro con una cerveza en una mano y en la otra un porro e hizo una solemne declaración como pudo.
- Amigos todos, gracias por estar aquí apoyándonos. Hasta aquí llegó la historia de la 'Fábrica', el último bolo - dijo mientras miraba a los músicos que tenía detrás y dando un tras pies al volverse - no se lo pondremos fácil ¿verdad?
Todos vitorearon.
- Nos quedan un par de días y quisiera estar borracha hasta ese momento pero me temo que no tengo suficiente dinero... esto podría haber sido algo grande, en su día casi arrancamos el vuelo de la autogestión pero la administración nos cortó las alas. Dentro de dos o tres días nos echaran a patadas, literalmente. Así que, me cago en los políticos hijos de puta y en los fondos de inversiones de los huevos y su puta madre... ¡a la mierda! - dijo alzando su cerveza y todos correspondieron con un sonoro ¡a la mierda! a treinta voces.
Me habéis preguntado por Pedrojo, no está aquí hoy... no tengo ni puta idea de donde está, imagino que buscando apoyos... pero seguro que el miércoles estará aquí con nosotros y espero que seamos bastantes más.
Muchos volvieron a vitorear.
Ahora seguirán un rato más.... a todo esto... ¿cómo os llamáis? - preguntó volviéndose hacia Raúl.
- A Bomba Llena.
- El último bolo de la 'Fábrica', con todos ustedes: ¡A Bomba Llena!
Después de haber tocado sus ocho temas en la primera parte, ahora harían ocho versiones de clásicos del punk. Comenzando con el 'Quiero Ser Tu Perro' de los Stooges ya que la hicieron en español, con Raúl por los suelos a lo Iggy. Terminaron con 'Anarchy in UK' de los Sex Pistols que se las apañaron para modificar por 'Anarquia en mi barrio..., en mi ciudad, en mi capital'. Durante el desarrollo de la actuación sonaron versiones de los Ramones, Clash, Exploited y New York Doll, junto con los temas 'Cerebros Destruidos' y 'Mucha Policía, Poca Diversión' de Eskorbuto que sobreexcitaron a la treintena de personas allí reunidas.
Luego la música saldría de una radio cd que admitía pendrive, así que cada uno ponía lo que le venía en gana. Y se escuchó de todo y todo en español, la mayoría bandas nuevas de amigos de los presentes. Empezarían la selección con Jarrea y su 'Ratas de Local' que Pedrojo dejó a Mar en su última visita y a la que hizo hincapié en que los escuchara, eran amigos suyo de Campillos, un pueblo de Málaga.
En medio de la fiesta, con la noche avanzada; Manu y Pablo subieron al escenario de un palmo de altura, sin electricidad hicieron unas versiones de los Beatles. Entonces fue cuando Mar se dio cuenta de que a Manu se le daba bastante bien cantar. Los Beatles, al contrario de lo que pareciera, cayeron bastante bien, tanto que incluso cantaban las canciones a coro; de hecho alguien le dijo a otro 'pues para mí, los Beatles son los mejores'; 'no me jodas' - le contestó el otro - 'la música es un mundo'.
No había mucho más, todos hablaban entre ellos de cómo actuar cuando llegara el momento y la gravedad del asunto fue apaciguando las activas mentes de los congregados. Hasta que amaneció se fueron distribuyendo por la inmensa mole rectangular de hormigón, que era el edificio de las oficinas de la fábrica, con multitud de habitaciones recicladas. Otros esperarían tirados en cualquier lado a que hubiera transporte público.
Manu se quedaría en el cuarto de Mar, allí había dejado su macuto con intención de estar tres días con ella.
